El dolor de la crisálida

No sé si éste es el título más adecuado para este artículo; no soy ninguna experta en biología y tampoco he encontrado información sobre si las crisálidas experimentan algún tipo de dolor, pero supongo que si sigues leyendo entenderás a qué me refiero. Tampoco sé si la mariposa sufre en la última etapa de la metamorfosis, cuando finalmente emerge del capullo, por mucho que eso sí que le suponga un gran esfuerzo. Lo que sí he leído es que es precisamente este esfuerzo es lo que fortalece sus alas y las capacita para volar.

Diría que este proceso biológico es uno de los símiles que más se ha utilizado para explicar la evolución espiritual de los humanos. Pasamos del estado de “oruga", en el que vivimos limitados por nuestro ego, por las emociones y los pensamientos negativos, por las circunstancias, por las creencias sobre nosotros mismos y el mundo en que vivimos, al estado de "mariposa", en el que es nuestra esencia, nuestra parte divina, la que guía nuestras vidas y se expresa plenamente a través nuestro.

Normalmente la comparación termina aquí. Sí, sí, todos entendemos que vamos aprendiendo poco a poco, que esto no ocurre de un día para el otro, que vamos creciendo y cambiando con el tiempo y la experiencia... pero ¿realmente somos conscientes de la magnitud de esta transformación y de que va mucho más allá de convertirnos en "mejores personas"?

Creo que el verdadero camino espiritual, este proceso metamórfico similar al de la mariposa, comienza el día en que realmente tomamos conciencia de que somos una “oruga”, y que somos tan egoístas, envidiosos, arrogantes, manipuladores, quejicas, etc. como las personas que siempre nos lo han parecido y que, desde luego, no nos gustan ... Es entonces cuando nos damos cuenta de la posibilidad de ser “mariposas” y, de forma natural, desde nuestro deseo de poder llegar a volar, vamos pasando para las diferentes etapas del proceso.

Pero una cosa es ver y aceptar mentalmente nuestros defectos y debilidades humanos y otra muy distinta hacerlo realmente desde el corazón. Y de eso es de lo que quiero hablarte hoy, no dándote un montón de teoría sino sencillamente compartiendo lo que yo he vivido, no porque sepa más ni porque quiera "enseñarte" nada, sino porque si un día te encuentras en esa situación (si aún no lo has hecho) tengas un punto de referencia y, si lo deseas, puedas contar con el apoyo de alguien que ya lo ha pasado antes.

La primera vez que me encontré cara a cara con uno de mis "demonios" (una de mis partes oscuras o defectos del que no era consciente) fue hace unos cinco años. Si alguien me hubiera dicho antes que yo era "eso" le hubiera dicho que nada más lejos de la verdad. ¡¡¡Todo lo que hacía y pensaba demostraba precisamente lo contrario!!! Pero mira por dónde, allí estaba él, amenazándome, persiguiéndome en mis sueños hasta el punto de hacerme despertar a media noche sudando, en pleno invierno, muerta de miedo. Aquello, aquel monstruo, ¿¿¿era yo??? ¡¡¡Imposible!!!

Me acosó durante prácticamente una semana. Durante el día lo sentía tan adentro que me dolía el corazón, me ahogaba, y de noche el podía verlo físicamente... tenía cara y ojos... la cara y los ojos del diablo (entiéndeme, yo no creo en el diablo pero era la forma que mi "maldad" tomaba en mis sueños).

Evidentemente no podía contarle a nadie lo que me pasaba. ¡¡¡Me sentía tan mala!!! Y aparte de eso, cualquiera me diría que sólo eran pesadillas... así que hice lo que siempre he hecho y sigo haciendo cuando necesito ayuda: pedirla a Dios, la Conciencia Divina, la Energía Universal, llámalo como quieras (a lo que considero mucho mayor que yo). Y, también como siempre, la ayuda llegó enseguida. Justo al día siguiente tropecé con un libro que explicaba exactamente lo que me estaba pasando.

Fue entonces cuando empecé a investigar sobre las partes oscuras e inicié uno de los trabajos interiores más profundos que nunca hubiera imaginado. Si te digo que no fue fácil me quedaré corta. Creo que es una de las cosas más difíciles que he hecho en la vida. Primero encontrar todos los "defectos" que no creía tener pero que estaban allí, luego comprender de dónde venían, para finalmente llegar a aceptarlos.

Al cabo de un tiempo y después de muchas y muchas horas de trabajo, bendita de mí, pensé que había superado la prueba, que por fin me quería y me aceptaba totalmente porque había hecho frente a los demonios y ya no sólo no me asustaban sino que algunos incluso se habían convertido en amigos y aliados que servían a un propósito.

¡¡¡Qué inocente!!! Y al mismo tiempo, qué arrogante... Cuando menos lo esperaba, de repente me volvieron a acosar. Y esta vez no era el mismo demonio (parte oscura o "mala") que la primera vez sino otro, uno de los que ya había visto mientras hacía el trabajo interior. ¿¿¿Cómo era posible que volviera??? ¡¡¡Si ya me había deshecho de él!!! ¡¡¡Ya lo había aceptado!!!! Y aquel llamó a otro, y el otro a otro, y a otro y a otro... Eran una legión... Una legión de todas mis partes "malas", unidas y gritando a la vez "Nosotros somos tú, nunca nos podrás vencer. Si intentas matarnos, tú también morirás". Y estaban por todas partes... Mirase donde mirase los veía... No podía escapar... No tengo palabras para decirte lo que sentía... Pero ¿de dónde habían salido? ¿Por qué habían vuelto?

Sólo lo he entendido al cabo del tiempo, y para ello algunos de ellos tenían que volver aún otra vez después de aquella. No me había deshecho de ellos porque me había enfrentado solamente "en teoría". Me había enfrentado mentalmente sin haberlos sentido dentro (salvo el primero, que ya nunca más volvió)... y por ello ninguno de los ejercicios y procesos que había hecho para aceptarlos me servían. No podía deshacerme de ellos. Y esta vez, encima de sufrir por lo que estaba sintiendo, me presionaba y me culpaba por no ser capaz de avanzar... "Con todo lo que sabes y lo que ya has pasado deberías ser capaz de hacerlo mejor" me decía (¡oh, este ego tan puñetero!). Y no sólo eso, en pocos días volvieron otros. "Mira que eres burra, sabiendo lo que sabes, ¿cómo es posible que llegues a este punto y no sepas cómo desenvolverte?" El ego seguía "ayudándome" (el demonio de la perfección, de la auto -exigencia). Te parecerá extremo, pero llegué a odiarme, a odiar esa parte de mí, este "ego" que por un lado me hacía daño y por la otra encima se reía. Y sí, deseé matarlo con todas mis fuerzas. Sólo quería su muerte, sin importarme qué pasaría después. Sentía la necesidad de que alguien me lo extirpara, que lo arrancara de mí, que acabara con él para siempre... Y si eso era "yo" no sólo no me importaba morir con él sino que era lo único que deseaba, significara lo que significara morir. Por supuesto (y afortunadamente) esto no fue ni es posible.

Volví a pedir ayuda. Y de nuevo llegó a través del mismo medio que siempre: San Google. Aquello por lo que estaba pasando incluso tenía un nombre y yo no era la primera ni sería la última en experimentarlo: estaba viviendo lo que se llama la noche oscura del alma. Y esta vez, por desgracia, no había trabajo que hacer. El único camino de salida era la rendición. No, la ayuda no era rendirme a los demonios y dejarlos controlar mi vida. La ayuda consistía en rendirme a Ella misma, a Aquello que me la estaba proporcionando (vuelve a ponerle el nombre que quieras).

Y ¿cómo? Pues viendo la Verdad. Mi parte "mala", los demonios, en realidad no eran yo. Todos eran parte de mi ego, de mi pasado, de mis pensamientos y creencias, de aquel personaje que se había ido creando a lo largo de mi vida a partir de mis experiencias y de cómo las había (o no) integrado. No era real, porque los pensamientos, los sentimientos y las creencias pueden cambiar, y de hecho lo hacen, con el tiempo y las circunstancias; pero ¡¡¡tenía que haber algo permanente que fuera mi yo auténtico!!! Y lo más sorprendente era que mi parte "buena", la que se enfrentaba a ellos y quería deshacerse de él ¡¡¡tampoco era yo!!! Entonces, ¿¡¿¡quién o qué diablos era yo?!?! ¡¡¡La pregunta del millón!!! De acuerdo que no fuera la parte "fea" del ego, pero ¿¿¿la otra tampoco???

La respuesta, tampoco fácil de aceptar: yo era, y soy, igual que tú eres, un recipiente vacío. Una envoltura, un vehículo que contiene o transporta lo que decido poner en él: puedo llenarlo con mi ego o dejar que él conduzca mi vida o permitir que sea mi esencia quien lo haga. Y ahora viene la parte que al ego tampoco le gusta, porque claro, es muy fácil decir que la parte mala es el ego y aquí se acaba la película, pero si te dicen que tu parte buena tampoco eres tú, que no es tuya, que ninguna de tus cualidades buenas te pertenecen ni nada de lo que hagas con ellas... Hmmmm, esto ya no gusta tanto (al ego, por supuesto;)).

Pues, no, las cualidades buenas son el regalo que te ha hecho tu Creador (y, de nuevo, elige tú el nombre). Son parte de su huella. Son los rasgos que expresa a través de ti. La bondad, la compasión, la creatividad, la inteligencia.... Ninguna de ellas es "tuya". Lo parecen porque esto forma parte del plan (y ahora no voy a entrar en detalles porque eso ya se alargaría demasiado). Parece que te pertenezcan, que formen parte de quien eres tú, al igual que lo parecen los "defectos", pero podríamos decir que las tenemos "en préstamo". A mí me gusta compararlo a cuando vives de alquiler. La vivienda es tu casa mientras vives en ella, y la tratas como tal, pero en realidad no es de tu propiedad.

Así que, al final de todo, cuando realmente lo comprendes y lo sientes así, es cuando te has convertido en “mariposa” y ves y vives la vida de una manera muy diferente, desde otra perspectiva, obviamente más elevada. Nada ha cambiado, pero tu visión es otra. Ya no te arrastras por el suelo, viendo sólo lo que tienes delante, sino que vuelas y eres capaz de abarcar mucho más. Y, por fin, eres libre. ¡¡¡Cuántas y cuántas veces había leído sobre esto!!! Sí, la teoría la entendía perfectamente, pero hasta que no pasé por ese infierno no me di cuenta de su verdadero alcance y significado.

Y ahora quizás debes pensar "Vaya, ¿así que ahora Dolors ya ha llegado al final? ¿Ya es una “mariposa” y vive feliz como un anís?" Pues no... Bueno, sí pero no... Sí que es cierto que justo después de salir de la oscuridad viví un tiempo en este estado, pero no duró para siempre. Desde entonces he tenido muchos momentos, más o menos largos, donde realmente me he sentido “mariposa”, momentos de un amor y paz absolutos, momentos de éxtasis, pero siempre acaban. De hecho, tengo que decir que después de la primera noche oscura aún vinieron dos más (que no duraron "una" noche), y prácticamente acabo de salir o estoy saliendo de la tercera. Evidentemente ahora reconozco los síntomas y las veo venir, y mientras transcurren sé qué me está pasando y por qué, como también sé que saldré más fuerte y habré crecido, pero te aseguro que todas han sido igual de dolorosas. No sé si vendrán más ni cuántas serán, y tampoco sé si esto es igual para todos. Sí que hay casos en que la gente se ha transformado de un día para otro, pero diría (y por lo que he leído) que no es lo más normal.

Y ahora, por fin, y disculpa por la tardanza, vamos al título del artículo. Algunos comparan el estado de crisálida con esta noche oscura del alma, tal vez porque lo que más caracteriza esta fase de la metamorfosis es su aparente inactividad, aunque en su interior se estén produciendo cambios muy profundos. Sí es cierto que todas las veces que he estado, como digo yo, "cerrada en la cueva", con poco o ningún contacto con el exterior, pero para mí, lo que más me hace sentir el estado de crisálida no es el proceso que dura unos días o semanas, sino todo el tiempo que llevo viviendo desde la primera vez que tuve esta experiencia. Ya no soy una “oruga”, pero sigo sin ser una “mariposa”. Tengo un pie (o pata) en cada lugar. Me encuentro en tierra de nadie. Vivo una vida bastante normal, pero ni puedo seguir viviendo sólo desde el ego como hacía antes ni tampoco acabo de tener las alas suficientemente fuertes para volar definitivamente. Y no es nada fácil... A veces quisiera volver atrás y al mismo tiempo estoy convencida de que no lo quiero... Y de ahí el dolor, el dolor de un estado de crisálida que parece no terminar nunca.

Así que aquí estoy... Intentando, como mínimo, mantener el equilibrio mientras espero y dejo que la Vida haga su proceso, siga sus ciclos, confiando y permitiendo que se vayan haciendo los cambios al ritmo que Ella marque. Porque, al fin y al cabo, ¿qué es la Vida con mayúsculas sino Aquello que me quiere, me cuida dándome todo lo que necesito para crecer, con el objetivo de que madure lo suficiente para poder llegar a dar el mejor fruto?

Alguien me dijo una vez "No sé si he pasado una noche oscura de estas". No, si lo dudas es que no la has pasado. Todos pasamos épocas difíciles, períodos de mayor o menor oscuridad, circunstancias más o menos duras; pero habiendo vivido unas cuantas de estas te puedo decir... el día que realmente pases una noche oscura del alma no tendrás ninguna duda. Sólo podría compararla a la cara más fría, solitaria y despiadada de la muerte.

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